Nómadas

 

Nómadas

 

Porque alguna vez quisimos

                                               -creímos- estar en Ítaca,

recorrer sus calles,

subir sus pendientes,

oler su lluvia, sus tardes,

sus veraniegas

noches colgándonos collares

de casualidades y de suertes

 

porque con los brazos abiertos

nos recibieron aquellos parientes,                                                                 

aquellos amigos de paseos, de risas y de juegos,

por todo eso, somos

                                   -fuimos- nómadas,

rastreadores del regreso imposible,

 

porque envejecieron sus calles, sus casas,

porque aparecieron otros bares, otras plazas,

porque los abuelos murieron y sus historias con ellos,

porque los amigos crecieron, engordaron y se agriaron

                                   -y nosotros, por supuesto-.

 

 

Sin embargo, y contra todo pronóstico,                                                         

de vez en cuando aparece un atajo,

un sendero virgen hacia Ítaca:

 

cierto olor a tierra mojada,

algunas expresiones cogidas al vuelo,

las plácidas sobremesas,

esas estrellas de agosto o de septiembre,

las mañanas blancas, las tardes achicharradas,

los grillos, los pinares, el mar en una mirada…

 

Tras esa alucinación la enredadera del recuerdo

se nos sube por la pantorrilla.                                                             

Y continuamos caminando

como si nada,

como si todo

acto fuera un dique abierto,

una presa anegando los muertos

de la memoria, de los sueños.

 

2º premio del II Certamen Internacional de Poesía Yolanda Sáenz de Tejada